¿Las escuelas matan la creatividad?

Esta es la pregunta principal entorno a la cual gira la conferencia TED de Sir Ken Robinson Él defiende un modelo de enseñanza en el que la creatividad de cada alumno pasa a ser un eje central de la enseñanza, y cada alumno desarrolla su aprendizaje basado en su potencialidad. Sin embargo, para desarrollar esta potencialidad es necesario desarmar el modelo propedéutico actual que sólo busca formar universitarios, y que desvirtúa todas las demás disciplinas.

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Como eje articulador del discurso creo que es muy importante la reflexión que hace al principio: “Las nuevas generaciones se jubilarán en 2085”. Es decir, es totalmente impredecible para qué futuro habrá que prepararles, por lo que sin duda, y ante una realidad social tan fluida como la de nuestro siglo, tendrán que ser gente creativa, capaz de idear soluciones nuevas a escenarios nunca vistos. Y sin duda Sir Ken Robinson lleva toda la razón, tenemos que cambiar a un modelo de educación que potencia a alumnos creativos.

Pero… ¿cómo lo conseguimos? ¿Es tan sencillo como planteárnoslo seriamente y ponerlo en marcha? ¿Podríamos reformar nuestra enseñanza pública y convertirla en una gran escuela Montessori? Parece tentador, pero tal vez antes habría que reflexionar sobre la realidad social a la que actualmente responde nuestro sistema educativo. Lo cierto es que responde al modelo mercantil derivado de nuestro sistema económico. El mercado demanda trabajadores, por lo que la escuela se ve avocada a producir trabajadores. Naturalmente no cualquier tipo de trabajador, porque como explica Sir Ken sobre la bailarina Gillian Lynne ser bailarina es un trabajo, pero no es un trabajo demasiado rentable. El modelo mercantil no necesita muchos bailarines, necesita muchos ingenieros. Mucha mano de obra con bajas expectativas de su potencial que asuma una baja remuneración. Unos cuantos músicos, bailarines y artistas que entretengan a esas profesiones más rentables lo suficiente para que su salud emocional no les haga quebrar y puedan seguir siendo eficientes.

El modelo educativo actual no es una casualidad. Responde a una realidad. Encaja como el zapato de cenicienta a su pie. La educación es el zapato, y el pie de cenicienta el modelo económico. Y esto sucede porque no consideramos a la educación como herramienta reformadora. La vemos como una fábrica que debe preparar a los alumnos para lo que sea que se demande en ese momento de ellos. ¿Acaso no sabemos todos que la educación es la única manera de reformar la sociedad? Parece que lo sabemos pero se nos olvida a la hora de tomar acciones. Valiéndonos del símil de cenicienta, la educación no debería ser el zapato que se adapta al pie, la educación debería ser el pie, al que el zapato se adapta. Porque como defiende Sir Ken, la educación tiene que tener vistas al futuro.

Y entonces tal vez podríamos construir un modelo educativo donde valorásemos la creatividad como una herramienta potentísima para crear alumnos preparados para el futuro, habiendo desarrollado sus propias potencialidades. Y dejaríamos de tener saturadas las universidades con títulos que no responden a una demanda de pasiones o vocaciones, sino a una demanda de “esto da de comer”.

 

¿Por qué es un buen orador?

Sin duda, lo que llama la atención desde el principio, es que consigue hacer reír a su público. Lo que en primer lugar demuestra que le están escuchando porque, al menos, se han enterado del chiste. Pero la verdadera utilidad es despertar la diversión en el espectador, y Sir Ken lo hace estupendamente. Su discurso es divertido. Defiende sus ideas a través de anécdotas interesantes y con un poco de humor, y gracias a ellas va desarrollando el hilo conductor de la conferencia.

También es muy interesante cómo usa la voz. Las pausas que hace al decir algo importante para que el auditorio se quede en silencio unos instantes, la risa con la que acompaña a su público cuando ellos se ríen… En general hace un buen uso de su voz como recurso.

Y el tema es interesante y sus argumentos son actuales y de interés general. Está bien construido, es coherente y sencillo. El lenguaje también es apropiado, fácil de seguir, no entra en tecnicismos ni en palabras grandilocuentes para un público más exigente. Es decir, se adapta a su público en contenido y formato.

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